Oligopolios y comunicación / ¿Dónde está la verdad?

Las corporaciones controlan a nivel planetario el flujo de datos. Entre ellos, la noticia, producida y distribuida con la lógica de una doble acumulación: ganancia y poder. Un puñado de preguntas inquietantes frente a una concentración inédita en la historia de la comunicación masiva.

 

Por Roy Rodríguez

 

Las 25 corporaciones de telecomunicaciones del mundo facturaron en 2015 un total de 730 mil millones de dólares. El monto total del conjunto lo ubicaría entre los mayores 17 PBI del planeta, superando a naciones como Suiza. Estas cifras obligan a repensar el concepto de prensa libre en relación al Estado, la democracia y la república. La hiperconcentración capitalista fue prevista por Karl Marx. Lo que no podía prever es que esas empresas iban a ser las creadoras de sentido a través de la circulación de una mercancía intangible: la noticia.

La mayor de las corporaciones en telecomunicaciones es Alphanet Inc. La segunda Comcast. Ni el más avezado de los lectores sería capaz de identificar a ambas. El mundo de las comunicaciones, en constante cambio, las redes que se reproducen con lógicas biológicas, tal y como si fueran seres vivos, oscurecen a emisores, medios y mensajes. Darwinismo digital.

Alphanet Inc es Google. Y Comcast es la propietaria de la cadena NBC y de los Estudios Universal. Entre ambas, facturaron sólo en el 2015 180 mil millones de dólares. Juntas serían la economía número 50 del planeta, delante de países como Ucrania, Qatar o Ecuador.

Google administra y organiza minuto a minuto la forma en que la web ordena las noticias. Ficheros automáticos. Comcast decide qué contenidos priorizar en el tráfico de datos. En definitiva, deciden cuáles noticias sobreviven y cuáles no en la jungla de la creación del sentido.

A principios de 2018, mientras Donald Trump acusaba a su principal cadena NBC de producir fake news (noticias falsas), la Federal Communications Comisions (FCC) aprobaba la muerte del principio de neutralidad en la red que, en definitiva, beneficia a una empresa americana de mayor tamaño que 150 estados sobre la tierra. La resolución de la FCC favorecía a la dueña de NBC.

En 2008, Comcast, que es además uno de los principales proveedores de Internet, servicios de cable y tv y telefonía del mundo, decidió unilateralmente modificar el libre tráfico de datos de sus clientes. Activistas en pro del libre tráfico presentaron una queja ante la FCC, que dispuso –por  tres votos a dos– que Comcast no podía realizar tales intervenciones y la obligó a revertir la situación.

Por otra parte, Comcast había sido una de las principales impulsoras de las candidaturas de Barack Obama. Sin embargo, fue durante el gobierno de Donald Trump que finalmente logró imponer su deseo de no neutralidad de la red. A fines de 2017, la FCC facultó a los grandes distribuidores de servicios de internet a intervenir en el tráfico.

A partir de la resolución, los grandes operadores de la red tienen entre otras facultades la potestad de diferenciar el tipo de tráfico de datos, cobrar más por unos datos que por otros e incluso llegar a suspender sitios web.

Así el Tribunal definió el nuevo estatus normativo, por tres votos a dos. Definió el presidente del tribunal Ajit Pai, quien justificó la decisión de terminar con la neutralidad de la red, citando al CEO de Netscape, Marc Andreessen. «Mantener estas reglas de neutralidad de red pura impide obtener un retorno de las inversiones en la red. Y esto, en el largo plazo, significará que se deje de invertir en la red”, había dicho el empresario.

Andressen ocupa el puesto 38 en la Midas List de la revista Forbes. Un puesto modesto para quien fue cofundador de Netscape y uno de los primeros inversionistas de Facebook e Instagram. Su fortuna es de 1200 millones de dólares.

Los CEOs de las compañías de telecomunicaciones tienen, como función principal, hacer que sus accionistas ganen dinero. Y sus contratos tienen mayores premios pecuniarios cuando las empresas obtienen mejores resultados. El sueldo promedio de un CEO de las 100 compañías más grandes del mundo fue en 2017 de casi 16 millones de dólares. En promedio, ganaron 235 veces más que la media de los empleados. Claro que esta relación se agrava en compañías que encarnan en sus servicios y procesos lo más descarnado del sistema neoliberal corporativo mundial: El CEO de ManPower ganó 2500 veces más que sus empleados.

En este contexto, se abre una pregunta crucial: ¿Cuál es el rol de un empleado de una empresa de telecomunicaciones global, de un productor, de un periodista? ¿Cuáles son sus posibilidades reales de abordar temas conflictivos con honestidad intelectual y sin riesgos de perder el empleo? ¿Y cuáles son las reales posibilidades de que una compañía decida abordar temáticas que están por fuera de la propaganda del corporativismo global? ¿Cuál es su margen de posibilidades real de impedir la publicación de una fake news?

Es posible que, 30 años después, la visión de Chomsky y Herman en Los guardianes de la libertad, acerca de los mecanismos de generación de contenidos de las multinacionales de la comunicación como propaganda, haya quedado desfasada.

Noticia = mercancía

La lógica de circulación de las noticias es similar a la de otras mercancías. Sólo que, en la era de la inmediatez, esas mercancías completan el círculo Mercancía – Dinero – Mercancía con más facilidad que cualquier otra. Ganancias. ¿Es que el periodismo ha muerto?

Las noticias falsas son también mercancía. Una mercancía que cumple la doble función: mantener el estatus quo a través de la generación de propaganda contra los intereses y los sentimientos de las mayorías e incluso poniendo en jaque los valores de las repúblicas y sus democracias, y, a su vez, son compradas por esas mayorías que, con suerte ganan 2500 veces menos que los CEOs.

Ante la crisis generada por las fake news, Alphanet  y otras corporaciones “tomaron riendas en asunto”. Se comprometieron a luchar contra las noticias falsas. Para mejorar la calidad del periodismo que realizan, medios como “The Times” decidieron actualizar sus webs sólo tres veces al día. Según la empresa, el objetivo de la medida es ofrecer “artículos fiables y en profundidad, análisis actualizado y opiniones estimulantes”.

Si el tamaño de las empresas es igual o mayor al de muchos países, ¿cuál es el poder de negociación que tienen los Estados, frente a determinadas situaciones de crisis  de no sucumbir ante los intereses corporativos manifestados en los valores de las noticias publicadas y publicables? ¿Las corporaciones van a privilegiar los valores republicanos y democráticos o sus propias ganancias? Y, frente a esta situación, ¿cuál es el rol de un periodista que  gana 250 veces menos que un CEO? ¿Dónde queda su libertad de pensamiento? ¿Dónde queda la realidad? ¿Dónde la posibilidad de verdad? Todo parece haberse convertido en algo virtual. Menos el poder.