De crisis y desencantos

Por Andrés Cañas *

El presente texto nació a partir de una serie de preguntas realizadas al autor en torno a Latinoamérica en el contexto de la crisis civilizatoria actual, teniendo en cuenta un punto de partida particular: los 50 años de la primera edición del libro de Enrique Dussel, América Latina, dependencia y liberación, que fuera una de las bases para la dicotomía de los sueños de los 70 en todo el continente: dependencia o liberación. El resultado es una reflexión profunda que invita a repensar el mundo desde algunas esperanzas y a su vez, desde un profundo desencanto.

Cincuenta años es mucho tiempo como para encorsetar el dinamismo histórico. Bucear en las consecuencias posibles del texto de Enrique Dussel amerita un viaje de 50 años por la realidad. ¿Qué encontramos? Un modo de producción y reproducción que a mediados de los 70 entra en crisis estructural. La intuición colectiva susurra que el Estado de Bienestar, sin oponer mayor resistencia, deja su sitial al neoliberalismo.

No se habían acallado los cañones que tronaron durante la Segunda Guerra “Mundial” cuando intelectuales preocupados por la suerte del capital elaboraron la teoría neoliberal, que es bastante más que una teoría económica.

Cuando el sistema entró en crisis las personificaciones de la élite capitalista quitaron el polvo de las hojas neoliberales y las adoptaron como basamento teórico de un sistema que dejaba el overol del productor y pasaban a vestir el ropaje de los financistas.

La intuición colectiva soplaba un aire con olor a desconfianza. El Mayo Francés indicaba que, en la Europa desarrollada, los mejores días eran una cuestión del pasado. En Europa del Este, el postcapitalismo instalado por Stalin transitaba en la crisis evidenciando su ligazón y pertenencia al mundo del capital. En México los estudiantes alzaban voces contra la mercantilización que se avecinaba y que ni siquiera respetaba los claustros. En Argentina, gobernada por un general que dio la primicia de su programa de gobierno a los mandamases estadounidenses en su propio territorio, los obreros mejor pagados del país a golpe de conciencia encendían El Cordobazo .

La crisis se mostró inédita, ella no era cualquier crisis. Como decíamos, la crisis es un estado “normal” en el transcurrir del capital; cada ciclo de acumulación cimentado en una expansión productiva concluye en una crisis de sobreproducción; los beneficios obtenidos no encuentran salida para inversiones rentables.  El exitoso régimen de acumulación comprendido en el período 1945-1970 exhibió su agotamiento a mediados de la década del ´70; se procuró contrarrestar los efectos de la crisis instrumentando el neoliberalismo y la mundialización,  incrementando la explotación de la fuerza de trabajo, y  aumentando la tasa de acumulación por desposesión.  Se atenuó la crisis, temporalmente, hasta que se produjeron explosiones sociales debidas a la multiplicación de las desigualdades y la marcada polarización social; el 1% de la población mundial posee el 44% de la riqueza, mientras el 90% apenas cuenta con el 16% (Credit Suisse, Global Welth Report, 2011).

El filósofo húngaro István Mészáros estima que la actual crisis reviste naturaleza estructural; cuando decimos estructural señalamos que afecta a la totalidad de un complejo social, nada queda por fuera de ella. Se puede argumentar que crisis y capital son viejos compañeros de ruta, que el capital superó el escollo y salió fortalecido creando una situación que podríamos llamar como la “existencia natural” del sistema.  En efecto, el capital emergió fortalecido luego de superar a cada una de ellas, sin embargo, como hemos dicho la presente crisis tiene otras características.

La actual crisis estructural se evidencia bajo cuatro aspectos:

  1. Es de carácter universal, afecta a todas las esferas del sistema.
  2. De cobertura global, no confinada a un conjunto de países como sucedió en anteriores oportunidades.
  3. Permanente, en su escala temporal.
  4. Se desarrolla de forma reptante, sin que deban descartarse convulsiones vehementes.

Una compleja maquinaria creada por las personificaciones del capital procura desplazar las contradicciones; en el pasado funcionó de manera exitosa y en la actualidad es cada vez más requerida y con menores resultados. El Estado es parte central de esta maquinaria, como se observó con toda claridad en el salvataje realizado por el gobierno de Estados Unidos a los bancos involucrados en diversas crisis, incluida la pandemia y la crisis hipotecaria inmobiliaria.

Mi abuela solía decir “los males no vienen solos”, la crisis estructural también es gregaria, articula problemas en un abanico frondoso. Algunos de ellos:

-El cambio climático, que se manifiesta en sequías o inundaciones, olas de intenso calor o frío polar; huracanes y tornados cada vez más frecuentes, que asolan especialmente a poblaciones pauperizadas. En proyección, el cambio climático generará transformaciones en el organismo de todos los seres vivos. La actividad humana es la principal responsable del calentamiento detectado a partir de 1950, particularmente ocasionado por los “patrones de consumo” implantados a partir de la revolución industrial. Se estima que la emisión de dióxido de carbono proveniente de la quema de combustibles fósiles era de 3 millones de toneladas en 1751: en 2006, se emitieron a la atmósfera 8.379 millones de toneladas a la atmósfera. La concentración en la atmósfera de gases “efecto invernadero” aumentó un 37% en los últimos 200 años, (El vivir bien, como respuesta a la crisis global, pág. 14), con el concomitante incremento de la temperatura media en el planeta. Desde 1860, Europa y Norteamérica han aportado el 70% de emisiones de CQ2, los países empobrecidos sólo el 25% (El vivir bien… p.15). Forman parte de la crónica periodística diaria las noticias sobre la desaparición de las masas de hielo en el Ártico y en la Antártida, o en las cumbres de montañas de Asia, África y Latinoamérica. Acompañan esta información prospectivas sobre la subida del nivel de los mares, inundaciones en zonas costeras, y sequías progresivas en África subsahariana, regiones andinas de Sudamérica, o próximas al Himalaya. Las consecuencias son conocidas o previsibles: desaparición de especies vegetales y animales, hambrunas, enfermedades, desplazamiento de poblaciones, conflictos sociales, desertificación.

Una niña camina sobre un campo quemado por los incendios en Corrientes, Argentina. Foto: Matías Baglietto / Alamy

-El agotamiento de los recursos naturales del planeta. La sobreexplotación que realizan las naciones más desarrolladas, que consumen un 30% más de lo que la Tierra puede regenerar, amenaza la vida en el planeta y la supervivencia de culturas que tradicionalmente han vivido en equilibrio con la naturaleza.

-La crisis del agua. La urbanización y los procesos industriales producen un mayor consumo de agua tanto de superficie como subterránea, con su correlato en un 15 a 30% de insostenibilidad de las extracciones para riego. Sin agua, la vida es imposible. Hemos interferido en el ciclo hidrológico mismo, hemos destruido cuencas hidrográficas imprescindibles para la reproducción de la vida. En Estados Unidos la agricultura industrial, y las plantas de generación de energía atómica consumen cuatro quintas partes del agua que usa todo el país. En el sur del planeta se consume con el riego el 85% del total del agua utilizada. Si le sumamos procesos extractivos como la minería, la situación se define con rasgos sumamente críticos. La presión sobre la Tierra se intensifica; implementamos seis formas fundamentales de explotación: extrayendo el agua subterránea de los acuíferos mediante equipos de tecnología reciente, con una rapidez que supera la reposición natural de la misma; exportando “agua virtual” de las cuencas hidrográficas, incorporada en las materias primas o en los productos industriales; desviándola por tuberías, para abastecer grandes ciudades o para cultivos en zonas semiáridas, desprotegiendo así el ecosistema de origen; mediante la deforestación, que altera el ciclo del agua, creando “islas de calor”

-La crisis en la producción de alimentos, incidida por el cambio climático y por la utilización de productos agrícolas para la obtención de combustibles. Se reduce progresivamente la reserva mundial de alimentos, encarecidos además por la utilización de agroquímicos en la cadena de producción, y por los costos de transporte. El aumento de precios de los alimentos fue constante en los últimos 50 años, tendencia que muy probablemente se mantendrá. Una gestión inadecuada de los recursos hídricos pone en riesgo la seguridad alimentaria mundial. Cuencas fluviales hasta hoy potentes productoras de alimentos están al límite de la sobreexplotación. El cambio climático incide en sequías y en inundaciones, sobre todo en regiones tropicales áridas y semiáridas los agricultores no podrán prever cuál será el flujo de agua disponible, agravando la situación de poblaciones que ya padecen inseguridad alimentaria. La más afectada será laagricultura de secano, esta comprende el 96 por ciento del total de la superficie agrícola en el África subsahariana, el 87 por ciento en América del Sur y el 61 por ciento en Asia. (MRE-EPB, p.42).En zonas semiáridas de los márgenes, se pierden cosechas por la sequía; especies animales se ven afectadas en sus posibilidades de vida por la misma causa. Millones de productores y de consumidores se verán damnificados por la disminución en el rendimiento de alimentos. A esto se suman los problemas sanitarios generados por la utilización de agua contaminada – la única disponible-en las regiones más pobres del mundo. La guerra en Ucrania agudiza este problema.

Energías, finanzas y desempleo

-La crisis en la generación de energía, por el fin de la era de energía barata – petróleo, gas. No han adquirido desarrollo suficiente las energías alternativas, y se duda sobre las magnitudes que puedan suministrar en relación con las energías tradicionales. Esto tendría como correlato la incapacidad del actual sistema industrial para sobrevivir, y la necesidad de un rediseño cualitativo y cuantitativo de la producción, cambios en los modos de vida, y en los proyectos urbanísticos de las ciudades.

-La crisis financiera mundial, con la consecuente reducción del crecimiento económico. Este texto lo atribuye al estancamiento en la producción de petróleo desde 2005, sumado a la desaceleración de la producción causada por el cambio climático. La posibilidad de retomar la etapa de crecimiento se verá probablemente frustrada por el estancamiento en la producción de petróleo, con el concomitante incremento de su precio, por lo que la crisis puede prolongarse hacia el futuro.

-El desempleo, el antaño ejército de reserva constituido por trabajadores desempleados ha mutado a desocupados estructurales.

Estas tendencias, combinadas, constituyen una explosiva y amenazante amalgama que puede terminar con la vida, no sólo de la civilización gestada por el occidente “desarrollado”, sino también de los hombres y demás seres vivientes; los golpes más peligrosos e inmediatos caerán primero en las regiones más indigentes. Los modelos dominantes de organización sociopolítica priorizan el crecimiento económico rápido y la acumulación colectiva e individual de la riqueza, para responder a un consumismo insaciable demandante.

Protesta en Buenos Aires, septiembre de 2019. Foto: Getty Images

El Comandante Eterno

Inmersos en ese preocupante escenario, Latinoamérica y El Caribe vivieron horas de Patria Grande, una unión signada por la diversidad. Dentro de ese coro desafinado, el Comandante Hugo Chávez fue el solista que se propuso superar al capital. De las alforjas tejidas por Carlos Marx e István Meszáros extrajo las bases del sistema comunal.

   Durante la última reunión de ministros presidida por Hugo Chávez, la denominada Golpe de Timón, el mandatario puso énfasis en la creación de Comunas.  En un momento del encuentro, dijo: “Nicolás (Maduro) te encomiendo esto como te encomendaría mi vida: Las Comunas, el estado social de derecho y justicia”.   

Cuando se aspira una vida digna, equitativa, justa, honesta, el Sistema Comunal es una forma idónea de organizar la reproducción socioeconómica. El producto es general desde el momento mismo de la producción, no requiere del dinero como mediación para adquirir cierta mediación ; cada uno/a de los miembros de la comunidad adquiere con su trabajo una cuota del producto social; la sociedad se torna absolutamente democrática, ya que colectivamente se organiza el uso del tiempo y se  planifica lo que se va a producir teniendo como guía las necesidades humanas  crecientes a satisfacer ;  es condición imperativa el eliminar la división jerárquica social del trabajo .   

Por toda la sabana venezolana levita la voz grave del Comandante Eterno:   “Entonces, venimos con el tema de la democracia, el socialismo y su esencia absolutamente democrática, mientras que el capitalismo tiene en su esencia lo antidemocrático, lo excluyente, la imposición del capital y de las elites capitalistas. El socialismo no, el socialismo libera; el socialismo es democracia y la democracia es socialismo en lo político, en lo social, en lo económico.”

Hay una frase que hace tiempo subrayé, la voy a leer, señores ministros, ministras, vicepresidente, hablando de la economía, del desarrollo económico, hablando del impulso social de la revolución: “El patrón de medición -dice Mészáros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”.

“(…) la transformación de la base económica del país para hacerla esencial y sustancialmente democrática, porque la base económica de un país capitalista no es democrática, es antidemocrática, es excluyente y de allí la generación de riqueza y de grandes riquezas para una minoría, una elite, la gran burguesía, los grandes monopolios, y de allí también la generación de la pobreza y la miseria para las grandes mayorías.”

1. La modificación de la base productiva del país, buscando una mayor democratización del poder económico.

2. El cambio en el rol del Estado, para lograr que el proceso acumulativo se oriente a la satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población y a la defensa de la soberanía.

3. La incorporación de mecanismos de autogestión productiva a nivel colectivo.

4. La utilización de una planificación democrática como mecanismo regulador de las relaciones productivas.

5. La ubicación autónoma del país frente a la internacionalización del sistema capitalista.”

Estamos tocando puntos claves de este proyecto, que si no los entendemos bien y lo asumimos bien, pudiéramos estar haciendo cosas buenas, pero no exactamente lo necesario para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo: el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI.”

Desde el rescate de quinientos años de civilización andina Evo Morales alzó la voz para pregonar el Buen Vivir de sus ancestros. De las pautas, principios, valores, forjados por la cultura del Buen Vivir se pueden extraer importantes pautas para la construcción de una sociedad digna, equilibrada, fraterna, solidaria… Entre estos principios, destaco: el Tercero incluido. Para Javier Medina, autor de Suma Qamaña. Por una coviavilidad postindustrial, el resultado hegemónico ante la paridad: bien-mal; sujeto-objeto; materia-energía; vida- muerte nos inscribe en la civilización occidental cristiana o en la civilización oriental de la que provienen los pueblos amerindios. El dualismo excluyente pertenece a la primera; la unidad dual, incluyente, es característica de la segunda (Medina, 2011).

El Occidente conlleva en sus concepciones la exclusión, el principio de no contradicción afirma que una proposición no puede ser verdadera y falsa a la vez; este principio tiene dos derivaciones: a) cualquier ente es idéntico a sí mismo, enfatiza la diferencia con cualquier otro distinto. Sobre este principio se asienta el individualismo moderno. b) una proposición es verdadera o falsa, no existe una tercera posibilidad, el tercero es excluido. Sobre estas bases se ha modelado la subjetividad occidental, una racionalidad de exclusión.

Protestas contra el proyecto minero MMG Las Bambas, en Apurímac, Perú. Foto: www.rpp.pe

El pensamiento oriental se construye sobre la base del principio de complementariedad de opuestos, se complementan en una relación contradictoria que los completa. De esa complementariedad surge un tercero incluido. Las dos polaridades antagónicas de un acontecimiento son de intensidad igual y dan lugar a una tercera potencia contradictoria. Para el Occidente cristiano la verdad es el espacio de la no contradicción. Para el Oriente, para la indianidad animista, la realidad es el territorio de la contradicción. América Latina y El Caribe son tierras de enfrentamientos dicotómicos, polaridades socio/políticas que no encuentran sus síntesis: peronismo/antiperonismo, en Argentina; conservadores/liberales, en la Colombia de las primeras décadas del siglo pasado, son algunos de los ejemplos que se pueden rastrear en la historia.

La civilización occidental está marcada por la impronta de la no/relacionalidad, la unidireccionalidad es una característica de las prácticas y del pensamiento, el sujeto conoce activamente a un objeto pasivo, el hombre explota a la tierra inerte y pasiva. Un mundo de existencias separadas será el origen del individualismo liberal. La civilización amerindia forja mundos relacionales, el universo es un sistema de seres interrelacionados, dependientes unos de otros. Desde la cosmovisión de los pueblos originarios, se postula un diálogo intercivilizatorio, la aplicación de un modelo no dualista a las relaciones entre civilización patriarcal occidental y civilización animista amerindia.

La muerte para el hombre andino denota una transición percibida como bella, agradable, suave; la muerte es acción, no es una culminación como la concibe la persona de la modernidad. La cualidad más importante de la vida es que está ligada a la muerte, no hay separación, hay interconectividad. Por otro lado y además, el espacio/tiempo del Buen Vivir es algo compuesto por seres vivos y habitado por seres vivos; el subsuelo, el suelo, el agua, el aire, las montañas, están vivos, al igual que las plantas, los animales, todos conviven y comparten con el individuo, la familia y la comunidad; constituyen el continuo de la vida. Las concepciones occidentales hablan de tres reinos distintos y separados, del mundo como máquina. Galileo restringió la ciencia al estudio de fenómenos que pueden ser medidos y cuantificados, con esta reducción el mundo apareció muerto, sin lugar para la vista, el olfato, el sonido, el gusto, el tacto, el olor, no hay espacio para la sensibilidad estética y ética, para los valores, la conciencia, el espíritu.

Los sueños de un mundo mejor de Pepe Mujica quedaron incrustados en los muros de la cárcel donde padeció durante algo más de una década. “El Pepe” se convirtió en un experimentado portavoz del nacionalismo, con todos los límites de esta corriente en un país dependiente. Lula fue perdiendo compañeros de izquierda cuando mediante su presidencia lograba el anhelo de que sus compatriotas tuviesen cuatro comidas diarias y olvidase y olvidaran el socialismo que supieron mentar. Dilma, su heredera llegó a codearse con funcionarios neoliberales hasta que la conciliación de clases mostró una vez más que siempre termina prefiriendo a los poderosos. Cristina Fernández resultó la oradora más lúcida del capitalismo productivo en reunión del G20. El presidente Rafael Correa con gestos de académico europeo se alejó de gran parte del movimiento indígena, sin concretar los cambios contenidos en la “revolución democrática” y dejo la posta a un traidor: Lenin Moreno. Así aquel intento de Patria Grande se fue por la galería de los sueños perdidos.

26 de septiembre de 2007. Rafael Correa, Evo Morales, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicanor Duarte y Hugo Chávez firman la creación del Banco del Sur. Otros tiempos

Transición,  una necesidad

Cabalgando la crisis, desarrollar el Tercer Mundo apareció como una alternativa apetecible; sin embargo, una vez más la realidad se encargó de disipar las ilusiones. El Tercer Mundo ya está integrado al capital y cumple dentro de él una función vital a través de la división internacional del trabajo: suministra materias primas –extractivismo–. Se debe señalar que si fuese posible la convivencia de un Tercer Mundo desarrollado con los países capitalistas avanzados, lo único que se lograría sería incrementar los problemas del capital; entre otros factores, cabe mencionar el deterioro del medio ambiente que provocaría la industrialización del Tercer Mundo bajo los mismos parámetros que siguió el desarrollo en los países metropolitanos.

A nivel mundial han fracasado todos los intentos reformistas que tenían por norte el “reinicio” del capitalismo, quizás la experiencia griega fue la que más trascendió. Por otra parte, en la actualidad no hay un país modélico, un espejo en el cual mirarse, por ende los pueblos optan por el camino más fácil del intento reformista, sumando decepción tras decepción. Se trata de seguir reproduciendo la vida a pesar de los pesares. Por esta y otras causas, la correlación de fuerzas –de ninguna manera estática– no se muestra favorable para un cambio sistémico, lo cual no debe inducir al olvido de un programa y de una gestión de transición.

“Los principios generales de una teoría deben ser diferenciados claramente de su aplicación a condiciones y circunstancias específicas, aunque a su vez estas últimas necesariamente reingresan a la constitución dinámica de los principios fundamentales. Es tarea de una transición articular las inquietudes específicas del proceso social en desarrollo, identificando con precisión sus limitaciones temporales, en el amplio marco de los principios más englobadores que guían la evaluación de cada detalle” (Meszáros). Las abstracciones que nos sirven de punto de partida solo son correctas al comienzo, ya que posteriormente entran en escena relaciones que las modifican, cada presuposición debe ser analizada a la luz de los conjuntos de relaciones complejas en desenvolvimiento y a las que ellas pertenecen.

Todo debe ser captado dentro de la lógica interna de sus múltiples contextos de acuerdo con las determinaciones y contradicciones objetivamente en desenvolvimiento. Al final del proyecto no puede surgir nada que no haya aparecido como presupuesto del comienzo. Las conclusiones actúan como presuposiciones de nuevos comienzos. Por ejemplo, al analizar la soja en el devenir argentino, este cereal como presuposición inicial está relacionado con la ecología –deforestaciones– con la salud de las personas, cuestiones demográficas –despoblación–, mercado mundial, reservas del tesoro en el cambio de valor de la moneda, grupos de presión, régimen tributario, deterioro de la tierra, utilización de químicos, acumulación de dinero en los sectores agroexportadores, etc. Siempre partimos de la inmediatez de los fenómenos investigados, buscando aquellas precondiciones objetivas que ejercen un peso importante en cualquier punto del andar. Se deben sacar a relucir todas las contradicciones de la producción capitalista.

Los pueblos, especialmente en Latinoamérica, sufren una decepción tras otra debido a que los gobernantes no asumen el tiempo histórico que transitan y por ende no dan respuestas a las necesidades y anhelos de los seres humanos. La agenda política latinoamericana oscila entre proyectos keynesianos que brindan temporales paliativos hasta el tiempo de encontrar sus límites y ser reemplazados por gobiernos neoliberales. Se pierde la brújula y se transita una senda en la que se acumulan fracasos que alimentan el discurso fascistoide, sobre las ruinas del capital erigen un viejo edificio capitalista y lo presentan como lo nuevo que viene a dar respuesta a los desencantos sembrados por el reformismo capitalista.

Los medios de prensa instalados en la República Argentina son comadres chismosas que vehiculizan interesados rumores sin importarles en absoluto la veracidad del mensaje. Constructores de un mensaje de odio destinado a crear la otredad entre los integrantes del pueblo trabajador. Hablan de integrarse al mundo y este les resulta cada vez “más ancho y ajeno”.

Para ir hacia la realidad real damos la palabra al profesor Augusto Zamora, exembajador de Nicaragua en España y exprofesor de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid: “Vivimos el fin de una época, no un fin cualquiera, como lo fueron las dos guerras mal llamadas mundiales, sino el fin de la era de Occidente como epicentro del mundo. La era abierta con las grandes expediciones marinas, que permitieron a Europa dominar el planeta como nunca antes lo hiciera una región específica del mundo, pasa el testigo a dos grandes potencias asiáticas –China e India– y a una euroasiática –Rusia–. Nada volverá a ser como fue conocido desde el siglo XV hasta el siglo XX. EEUU, heredero de Europa Occidental, no puede solo; tampoco da la suma con Europa, que es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Es mejor irse acostumbrando… La humanidad vive, en el presente, el mayor cambio mundial en quinientos años, un cambio que, no obstante su magnitud, se ha ido produciendo sin estridencias, excepción hecha de comentarios, libros e informes sobre la irrupción de China en la economía y el comercio internacionales”.

Las conclusiones del profesor Zamora pueden alterar nuestro sueño. Ahora bien, es mejor ser un preocupado consciente que un diletante repitiendo la bazofia vertida por la prensa. “En ese mundo estamos. Las guerras comerciales lanzadas por el gobierno Trump contra China y la guerra de sanciones contra Rusia, Irán, Venezuela o Siria son parte de una estrategia dirigida a debilitar sus economías y golpear –sobre todo en el caso de Rusia– su industria militar, con miras a un conflicto mayor que, en EEUU, sitúan en 2025. Pero en política –como en la vida– una cosa son los deseos y otras las realidades. No tiene EEUU, y la UE, fuerza suficiente para detener el proceso en marcha. El siglo XXI marca el retorno de Asia y el fin de la hegemonía de Occidente. La única duda que hay es si ese tránsito se hace en paz o en guerra. Lo sabremos, aproximadamente, entre 2025 y 2030. En esos años, los arsenales de Rusia y China habrán superado en poder al de EEUU y la OTAN. Tiempo queda para evitar ese escenario si la gente en Europa se moviliza”.

Foto principal: Juan Ponce Valenzuela / Agencia EFE

* Periodista y sociólogo, especializado en política internacional y latinoamericana. Autor de los libros Crimen en los dominios de Angeloz y Caminos de nuestra América. Dirigió la revista Solidaridad Global de la Universidad Nacional de Villa María.

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