El legado del director que encarnó los desafíos de su época

Por Myriam Mohaded *

Oscar “Cacho” Garat fue director de la Escuela de Ciencias de la Información entre 1990 y 1992 por elección directa y también condujo el Círculo Sindical de la Prensa. Un maestro del periodismo y un dirigente honesto, con capacidad de consenso, que bregaba por la unidad, el pluralismo y la diversidad de ideas.

En el aula triangular, del histórico edificio, una de las tres que tenía la Escuelita, en el Pabellón Argentina o en los galpones de Agronomía, con un clásico saco marrón claro, Oscar Enrique Garat daba sus clases de Periodismo I (Gráfica) frente a un aula repleta de estudiantes. Era un hombre culto, de convicciones profundamente democráticas, con un fuerte compromiso ético por la verdad y la justicia. Su condición de docente y trabajador se arraigaba en la fortaleza de sus palabras y coherencia de sus acciones.  

Un lujo era escuchar a ese profesor de ojos pequeños y mirada amplia, que siempre tenía vocación de consenso. En sus clases, nos planteaba posibles conflictos para resolver una noticia, sus relatos nos transportaban al runrún y al tratamiento de la información en las redacciones, los conflictos y tensiones que atravesaban las y los periodistas, haciéndonos latir el pulso de una redacción. La claridad de sus palabras se escribían con tiza blanca  y dibujaba los gráficos en donde, con suma paciencia, explicaba los modos de construir la noticia. Y, si quedaban dudas, nos ayudaba a identificar esas estructuras en los diarios de papel que, de tanto en tanto, circulaban en las aulas. 

Desde allí explicaba el significado del Estatuto del Periodista Profesional (Ley 12908) que norma los derechos de trabajadores y trabajadoras de prensa, y planteaba la necesidad de conocerlo y tomar conciencia de lo que implican los derechos laborales de quienes algún día trabajarían en prensa. Eran tiempos de utopías esperanzadoras. 

Garat tenía una escucha atenta. Siempre solícito a quienes tenían dudas y le preguntaban algo. Debe ser por eso que Eliana Márquez, quien ingresó a la ECI en 1991, recuerda esa conjugación entre su saber académico y la experiencia de ejercer: “Cuando una ingresa a una carrera descubre un mundo nuevo e intenta saber si es lo que está buscando. Verlo a ‘Cacho’ transmitía seguridad, profesionalismo, serenidad, esa certeza frente a las incertidumbres propias de comenzar algo nuevo. Nos abrió las puertas para empezar a conocer lo que era salir a la calle, tratar con un entrevistado, ir al gremio. Si una se imaginaba a alguien que representaba el periodismo, era él”.  

“Yo coincidía en la cursada con Ivana -hija de Garat-, y tenían esa similitud de seriedad agradable, respetuosa. Hablamos de un tiempo en el que todo era analógico y aprendíamos cómo se hacían los diarios en las imprentas, los tipos de letras que se usaban. De la mano de ese profe fue empezar a ver un mundo profesional de trayectoria, conocimiento”, añade Eliana.

Primeros pasos en la ECI

Garat ingresó a la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) como docente, convocado por  la gestión a cargo de María Paulinelli, primera directora del período democrático y actual profesora emérita. Eran épocas de una amplia movilización social, en donde la academia tenía otras lógicas que permitían vincular de modo más estrecho a quienes trabajaban en el oficio periodístico y las aulas.

La lucha por el ingreso irrestricto había sido una realidad que se extendía por todo el ámbito de la UNC, con numerosas asambleas y movilizaciones. En las aulas de la ECI, aún permanecían profesores afines a la dictadura, pero con la militancia estudiantil se las logró, paulatinamente, democratizar. En eso, Garat tuvo mucho que ver. Tanto es así que en su gestión, con la aprobación del Consejo Directivo, se forjó la primera cátedra paralela de la materia Derecho Internacional. Justificada, entre otros episodios, porque la profesora a cargo de la oficial había invitado a disertar ante sus estudiantes a Luciano Benjamín Menéndez, cuentan los memoriosos.

Con el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército y otros represores caminando por las calles de Córdoba -incluso por los pasillos de la escuela-, Garat ejerció su trabajo periodístico en esa primavera democrática que intentaba echar luz al sombrío tiempo dictatorial. En sus editoriales, crónicas, notas, reportajes, destilaba su estilo agudo, preciso, racional sin perder la sensibilidad que cada relato ameritaba. Un mismo tiempo donde también nacía el gremio de prensa y era quien lo dirigía. 

El noble director

En 1990, Oscar Garat llega a la dirección de la ECI por elección directa, el mecanismo que por primera vez se proponía con la participación de todos los claustros, antecedente único en la ECI y en la UNC. Un logro del que él mismo fue artífice. 

La década del 90 asomaba con políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem y las consabidas recetas del Banco Mundial, impulsadas por el Consenso de Washington, donde los organismos internacionales de crédito imponían, con sus propuestas privatistas, la concepción de un Estado reducido a sus funciones elementales. En lo educativo, se favorecía la formulación de proyectos orientados a nuevas formas de financiamiento en las instituciones universitarias con una concepción mercantilista, que en 1995 se expresaron con la promulgación de la Ley de Educación Superior que nos rige. Ese fue el contexto en el que  ingresó como director. 

“¿Qué era Comunicación?”, fue la pregunta que generó encendidos debates en los ‘90. Con una planta docente que, principalmente, provenía de otras unidades académicas, se empujaba a que fuese un comunicador quien estuviera a cargo de la gestión. En los pasillos, con paredes atestadas de pancartas y afiches, se corría la voz de “Comunicaciones al poder”.  

En el artículo El Gremialista director, escrito para la revista El Cactus para el 40 aniversario de la ECI, la docente Isabel Ortúzar recuerda que la candidatura de Garat surgió de inmediato. A pesar del consenso en torno a su figura, costó convencerlo porque él mismo sostenía que su procedencia era del ámbito gremial y no académico: “La propuesta del Cacho director surgió de los estudiantes y docentes más jóvenes, egresados de la ECI, y de muchos docentes con otros títulos pero la mirada y la formación de la comunicación, que impulsaron para que los comunicadores asumieran los cargos de gestión. Una etapa de maduración de los comunicadores, de visibilidad. Una instancia fundante para la comunicación como disciplina y para cada uno de nosotros comprometidos con la Escuelita”. 

Del relato colectivo surge una afirmación casi unánime: Garat jerarquizó a la ECI. En un tiempo donde la escuela peleaba su autonomía y presupuesto de la Facultad de Derecho, una universidad no arancelada, mejores condiciones edilicias y para la planta docente,  y otras tantas cuestiones. Así se ganaba el respeto y su amplia capacidad de negociación se traducía en fuertes apoyos políticos. En la mirada de Ortúzar, poseía un amplio respaldo del entonces rector, Francisco Delich, y del decano de la Facultad de Derecho, Rafael Vaggioni. 

“En ese momento se ganó muchísima legitimidad. La tuvo que ganar. El nos acercaba al mundo gremial, a otra perspectiva no tan academicista, y con los docentes que sostenían esta línea se fue ganando la legitimidad al incluir su participación. Más allá de no tener título, poseía una enorme capacidad de gestionar la Escuela, sacarla adelante”, relata hoy Ortúzar, quien fue parte de la gestión de Garat como Secretaria Académica.

La Escuela debatía la necesidad de cambio del plan de estudios que venía de la dictadura. Garat afrontó ese compromiso y fueron numerosas las charlas, debates con  referentes destacados de la comunicación para que echaran luz en la materia. “El Cacho Garat se sintió interpelado por esa demanda -señala Ortúzar en el artículo citado-. Con los estudiantes y un grupo de docentes, emprendió la tarea de diseñar el nuevo plan. Con Beby Pinell lideraron las transformaciones de las cátedras. Desde formaciones y miradas opuestas, uno desde el oficio y otra desde letras y la formación teórica, se complementaron en una actitud democrática y abierta”. Por entonces ya se planteaba la tensión aún vigente entre formar un comunicador comprometido o crítico social y/u otro más funcional que dé respuestas a las necesidades del mercado.  

“Es como que lo viera a ‘Cacho’ en esas oficinas viejas, con una máquina de escribir electrónica elaborando ese plan de estudios, con mucha participación de los estudiantes”, imagina Ortúzar. Paradojas del destino, Garat no pudo ver el plan nuevo que, un año después de su trágico fallecimiento, se aprobó. 

Un dirigente ejemplar

Garat fue secretario General del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren) en tres periodos consecutivos entre 1984 y 1990. Una figura emblemática para el gremio de prensa, desde su fundación y conducción, en el afán de sostener a un sindicato independiente de los intereses y lobbies de las patronales, los gobiernos de turno y los partidos políticos. Era militante del Partido Socialista Popular.  

Juan Carlos Giuliani, histórico referente y secretario General del Cispren entre 1994 y 2005, conoció a Garat cuando juntos transitaron la construcción de la actual institución gremial, que resultó de la fusión entre el Sindicato de Prensa de Córdoba, el Círculo de la Prensa de Córdoba y la Asociación de Periodistas de Río Cuarto. 

Francisco Fernández, Juan Carlos giuliani, Miguel Rojo y Oscar Garat en un congreso de la Federación Argentina de trabajadores de prensa celebrado en mar del plata en 1985

Para Giuliani, Oscar “Cacho” Garat fue el dirigente más importante del gremio de prensa desde el retorno de la democracia, de una trayectoria ejemplar truncada por su temprana muerte: “Fue un compañero amplio, firme en sus convicciones, que siempre apostó a la unidad en la pluralidad, de una conducta y coherencia intachables. Tuve la fortuna de acompañarlo como Secretario Adjunto desde 1986 hasta 1990. Fue director de esa institución gracias a sus dotes como docente pero sin renunciar a su condición de trabajador y dirigente sindical. Garat fue un periodista de pluma reflexiva, aguda, llegó a ser Secretario de Redacción de La Voz del Interior, de donde fue despedido por su militancia sindical”.

Compañero de largas luchas, Giuliani lo describe como un defensor a rajatabla de la libertad de expresión, la diversidad de voces y de condena a los monopolios informativos. “Aunque su trayectoria política y gremial suele pasar desapercibida, quizás por su carácter introvertido y su bajo perfil, “Cacho” Garat es un referente insoslayable en la vida sindical de Córdoba. La memoria de lo que dijo e hizo en vida reposa también en el imaginario del Movimiento Sindical de la provincia al que aportó su entrega; el ideario de liberación nacional; y una conducta ejemplar, decente, de coherencia inquebrantable: El mayor legado que deja a las nuevas generaciones de militantes del campo popular”, escribió en la publicación de la CTA-A (2).

Afirma Giuliani: “Me queda de “Cacho” su hombría de bien, su humildad, el hablar pausado y sereno aunque era vehemente cuando algo no le gustaba o no estaba de acuerdo. Era un compañero que congregaba voluntades y que hoy en día, con la crisis de representatividad de la dirigencia política, sindical, empresaria, tendría un lugar destacado. Conjugó en primera persona su cualidad de laburante, intelectual, periodista brillante y compañero solidario”.

Un buen nombre

Este año Garat cumpliría 82 años. Nació un 8 de septiembre de 1940 en el corazón de la república de San Vicente y estudió en el Colegio Monserrat -tradición que mantiene su familia-, donde fue abanderado. Luego estudió Ingeniería Civil, carrera que abandonó a unas pocas materias de recibirse. Ya se había despertado en él esa voluntad de narrar e interpretar los hechos. De contar lo que no estaba dicho, de incomodar. En sus inicios, trabajaba en la oficina de Tierras de la Dirección de Hidráulica de la provincia. 

Oscar Garat fue padre de dos hijes: Ivana, estudiante de Comunicación Social que falleció en el trágico accidente de Lapa, y Oscar Garat. De cuándo comenzó con su vocación periodística, su hijo Oscar recuerda que su papá cumplía con el servicio militar, y desde allí escribía sus primeras crónicas deportivas.  Entonces,  el periodismo se cruzó con él, tanto que dejó sus estudios, y en 1966 ingresó a la redacción de La Voz del Interior en donde se encargaba de la información gremial. Dos años más tarde, fue nombrado Secretario de Redacción.  

Le encantaba leer libros de historia política y autores de ciencia ficción. “A veces se piensa que por ser una persona con tantas actividades, él no se ocuparía de nosotros, pero era un padre muy presente, por ejemplo,  íbamos a la cancha, o nos cargaba y  llevaba a la Casa del Periodista a comer un asadito o bien íbamos al cine a ver películas de Ciencia Ficción. Cuando había nuevos capítulos de Flash Gordon, creo que los esperaba más que yo”, sonríe Oscar (h).

“Mi viejo era muy paciente y discreto,  prácticamente no tengo recuerdos de que alguna vez haya levantado la voz o que trasladara lo que sucedía en sus distintos ámbitos laborales a casa, ya sea por estar alegre, putear o renegar por algo. Cuando asumió en la Escuela, sí estaba muy contento con lo de la elección directa y el plan de estudios. No era de hablar mucho sobre los temas, pero uno lo veía en el semblante de su cara”, agregó.

Con sus hijos oscar e ivana

Oscar (h) no desconoce que el derrotero de la crisis que se generaba por el cierre de los diferentes medios gráficos donde su padre trabajaba gravitaba en la vida familiar, más aún cuando se tuvo que ir a Villa María. Pero también, hasta hoy, reconoce que por donde anda le preguntan qué es del “Cacho” Garat. “Pienso que lo mejor que alguien puede dejar a sus hijos es un buen nombre y él me dejó eso”, reflexiona con orgullo.

Protagonista de un tiempo de cambios

En 1969, comenzó a formar parte de la Comisión Directiva del Sindicato de Prensa, responsabilidad que mantuvo hasta 1974. En 1971, como representante de la Intersindical de Prensa, protagonizó una memorable huelga en la que ningún diario de la provincia salió.

Hasta la intervención de las organizaciones gremiales ocurrida con el golpe de 1976, Garat presidió el cuerpo de delegados del sindicato, aunque continuó representando a sus compañeros en La Voz. En 1978, mantenía  su condición de delegado y de Secretario de Redacción cuando la sociedad anónima lo despidió sin causa.

Garat continuó su carrera periodística en Los Principios, desde 1979, donde también colaboraba con los suplementos deportivos. En septiembre de ese año, pasó como editorialista del Tiempo de Córdoba hasta su cierre. Antes del retorno de la democracia asumió como  delegado, representando a sus compañeros ante la patronal por el Sindicato de Prensa.

A fines de 1982, cerraba el año y también el  ciclo de los diarios Córdoba y Tiempo de Córdoba. La democracia asomaba. Una mañana de febrero de 1984 le ofrecen trabajar en el proyecto periodístico de El Diario de Villa María, donde ofició de Jefe de Redacción. En julio de 1984 ingresó al diario La Calle donde fue editorialista y Prosecretario de Redacción. Mientras tanto, seguía participando en el proceso de unificación sindical que culminaría en diciembre de 1984 con la asunción de la primera comisión directiva del Cispren y estuvo hasta  1990. En 1986 fue editorialista del Servicio Informativo de los SRT y de la revista Hoy la Universidad. En el ámbito nacional fue Congresal de Fatpren (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa).

El compañero que sabía escuchar

Garat fue el factor de unidad entre el Círculo de Prensa y el Sindicato, dos espacios que estaban en las antípodas ideológicas. “Recibe Garat, de la dictadura, las dos organizaciones en un proceso de normalización”, afirma Guido Dreizik, ex secretario general del Cispren y Secretario de Cultura durante la gestión de Garat. “Eran tiempos que militábamos el Informe Mc Bride, y en el Movimiento Unificado de Prensa (MUP). Entonces se comienza a trabajar por la recuperación del gremio, después del periodo de intervención militar, y buscar la unión de los trabajadores”, rememora Dreizik.

“Siendo un marxista leninista socialista formado tenía la ductilidad de contener a todo el mundo, entonces era un tipo muy valioso que se convirtió en referente de todos nosotros”, destaca. Para Dreizik, su profunda convicción democrática se sostenía en discusiones que llevaba a fondo. “‘Cacho’ alentó la creación del Congreso de Prensa -ya en su edición 39-, que luego se incorporó al Estatuto. Promovía un sindicalismo democrático y participativo, con fuerte presencia política pero desde los trabajadores. Allá por el año 90 comenzamos a discutir lo que se llama el Congreso de Trabajadores Argentinos que termina siendo la CTA. Cacho estuvo de acuerdo con la presencia de Miguel Rojo en el Congreso, nos bancó participar y dar el debate de la libertad sindical y la autonomía”. 

Dreizik reconoce en Garat a un dirigente que estaba en los debates pero también en cada detalle de la organización gremial, y recuerda que días antes de partir al fatídico viaje a Brasil lo acompañó a un campamento que se hacía con niños y jóvenes. Esa fue la última vez que estuvo con él. “Cacho podría haber sido un buen director de orquesta o de coro, porque el coro no desafina nunca: cuanta más gente hay, mejor suena. Él articulaba y hacía que  las distintas voces sonaran en un mismo sentido. Eso lo hace muy poca gente. Era extraordinariamente simple. Te bajaba a tierra todo el debate. No lo idealizo, porque tuve grandes discusiones. Las que él me permitía y yo las daba, porque también te enseñaba qué era importante y qué no”, concluye.

El periodismo de Garat

Para Mariana Mandakovic, docente de esta casa y secretaria General del Cispren, el tipo de periodismo que representaba Garat era el de las notas con rigor periodístico, analítico, con investigación, que se manifiesta en “el cuidado del chequeo de fuentes, el uso del dato preciso, la contextualización de la información en la elaboración de una nota, con la mirada y responsabilidad de un periodismo que tenía por objetivo informar a la comunidad del mejor modo posible. Ese era el periodismo de “Cacho”. Con opiniones fundadas, sin hacer un seguidismo bobo, sino planteando posiciones que era lo que en aquel entonces entendíamos como libertad de expresión y que no era escribir lo que la empresa quería sino hacer una nota donde podías fundamentar lo que decías y tenía que publicarse. No había ninguna posibilidad de que no fuera publicada”.

artículo de Oscar Garat publicado en el diario La calle el 28 de diciembre de 1984

Para Mandakovic, después corrió mucha agua bajo el puente y las cuestiones cambiaron. “Es otro momento histórico. Hubo mucho neoliberalismo en el medio. La relación del gremio con la universidad no es de la misma intensidad de entonces. Los sindicatos no somos los mismos que éramos en ese momento, con esa centralidad que se tenía, a la universidad ingresan estudiantes con otra subjetividad construida, y la academia tiene también un proceso con la ley de Educación Superior con parámetros de cierta excelencia que responde a otros cánones que no son los de pensar en cómo podría articular esa relación entre los sindicatos y la universidad”.  

La dirigenta resalta la necesidad de evocar la figura de Garat en tanto que concilia lo académico, lo periodístico, y su compromiso gremial/político. “Recordarlo hoy es una forma de defender la universidad pública y, al mismo tiempo, un modo de hacer un periodismo indispensable”, concluye. 

La tragedia

Un sábado 29 de enero de 1994, Garat fallece luego de un accidente automovilístico en Brasil. Una pérdida irreparable para su familia, afectos, sus compañeras y compañeros de militancia y de trabajo, para la ECI y el Cispren en su conjunto. 

En palabras de María Rosa Grotti, en ese momento periodista de LV2, quien fuera dirigenta del Cispren fallecida en 2009, Garat era un imprescindible en la tarea colectiva y solidaria, como el aire que se respira: “Es raro. No éramos íntimos amigos, no teníamos el mismo estilo ni sintonizábamos la misma frecuencia. En tantos años de militancia juntos, mis arrebatos tropezaron varias veces con su pasmosa tranquilidad, mis embales se desarticularon ante su razonabilidad transformándose en emboles”. Así, el director, el dirigente, estaba allí con su presencia y capacidad  de consenso, poniéndole sentido a la -al decir de Grotti- “irrenunciable utopía de construir un mundo mejor”.

Notas:
1- Revista el Cactus- Nº1, La comunicación ese sueño eterno. Nota El Gremialista Director, por Isabel Ortúzar. Enlace:https://issuu.com/eciunc/docs/elcactus1/15
2- Revista CTA-A. Nota de Juan Carlos Giuliani: http://ctaacordoba.org/el-legado-de-oscar-cacho-garat/
3- Revista Proyección N°13: Se fue un Cacho enorme de nuestra historia: https://bit.ly/3EaKg6y

* Periodista. Docente de Comunicación Institucional en el área de Educación a Distancia de la FCC-UNC. Coordinadora del Centro de Documentación “Juan C. Garat” del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba.

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